
La sangre que contiene el cordón umbilical es rica en células estaminales, capaces de generar cantidades inmensas de glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Habitualmente el cordón umbilical es desechado, pero no debería ser así ya que estas células ayudarían a muchas personas, sobre todo niños que padecen leucemia, y no encuentran un donante de medula osea.
En cada donación de placenta se recogen alrededor de 80 mililitros, cantidad suficiente para tratar a personas que no superan los 40 kg.
Antes de que tenga lugar el parto, se ha de realizar unos análisis para descartar posibles enfermedades transmisibles, además la madre tiene que dar su consentimiento escrito.
Una vez nacido el bebé se realizar una punción en el cordón umbilical mientras que la placenta se encuentra en el útero, para recoger así más sangre. Una vez expulsada la placenta, se repite la operación para extraer la sangre que queda en los tejidos.
Una vez extraída la sangre, se envía al banco de sangre de cordón umbilical y se procesa, conservando las células madre. Pasados seis meses se someterá a un examen de control para garantizar la seguridad.
La extracción de la sangre no conlleva ningún riesgo, ni para la madre ni para el bebé.






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