Cada año, cuatro millones de bebés mueren en las primeras cuatro semanas de vida. Ocurre de repente. No existen causas definidas, ni descuidos, ni enfermedad anunciada. Se le ha llamado “muerte súbita” y ese par de palabras juntas podrían fungir como sinónimo de “terror”.
Sin embargo, médicos de la Organización Mundial de la Salud publicaron recientemente una lista de síntomas, fácilmente reconocibles, que podrían alertar sobre los pequeños que estarían en riesgo de tener una muerte súbita, según difundió la agencia DPA.
El grupo de especialistas, liderados por Martin Weber, identificaron síntomas por los cuales un bebé debería recibir asistencia en un hospital: problemas al momento de alimentarse o de amamantar, manifestación de calambres, movimientos sólo por estímulo, jadeos con más de sesenta aspiraciones por minuto, depresión de la caja toráxica y una temperatura corporal de más de 37,5 grados o menos de 35,5 grados.
Con esta lista se podrían reconocer más de ochenta por ciento de los bebés que se encuentren en situación de riesgo de muerte súbita, especialmente en los países en vías de desarrollo, según indicaron los científicos en la revista médica británica The Lancet.
Esto, según opinan los autores, haría descender la tasa de mortalidad infantil en los países pobres sin sobrecargar demasiado los sistemas de salud, que en general son precarios.
Weber y colegas analizaron los datos de 8.889 bebés enfermos que fueron llevados a un centro de salud en Bangladesh, Bolivia, Ghana, India, Pakistán y Suráfrica.
La primera semana es la más peligrosa. En esos siete días, se produce 75% de la muertes súbitas que ocurren durante el primer mes de vida.





No hay ninguna razón de peso para empezar los cambios de alimentación por uno u otro alimento: cereales, frutas, verduras, carne… Solamente debemos procurar introducirlos poco a poco, para observar si alguno no le sienta bien al bebé. 
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