
La hipertensión (cuando una persona tiene la tensión por encima de 140 mm Hg y 90 mm Hg) puede ser perjudicial para la embarazada y para el bebé. En algunas ocasiones, la gestante deberá guardar reposo e incluso se le podría adelantar el día del parto.
La tensión alta influyen en la cantidad de sangre que bombea el corazón, y también en el tamaño y en el estado de las arterias.
Tener la tensión alta puede provocar los siguientes síntomas: cefaleas, cansancio, cambios en la visión, confusión, ansiedad, vómitos, alteración en el color de la piel, dolor de pecho. En otros casos más graves puede provocar hemorragia nasal, zumbidos en los oídos e incluso palpitaciones.
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